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Guía Emocional

Abrazar Nuestra Tristeza y Abrirnos a lo Nuevo

¿Cuántas veces hemos escuchado que la tristeza es una emoción negativa?

Seguro que muchas veces.

Y cuando no tiene más remedio que aparecer nos encontramos en un conflicto interno por querer que se vaya: la negamos, la tapamos, nos autoengañamos, nos culpamos por sentirnos nuevamente “así”. Pero, ¿funciona?

La tristeza es una emoción que aparece ante situaciones de pérdida y desconexión con seres que amamos.

Por ejemplo: cuando fallece alguien que queríamos mucho, cuando discutimos con amigos, con nuestra pareja, hijos y otros familiares, cuando perdemos un trabajo, cuando nos roban la cartera, cuando nos despedimos de algún vínculo, cuando terminamos una relación, etc.

Todas estas situaciones hacen que la tristeza se manifieste, y la reconocemos cuando nuestro cuerpo está distendido, sentimos una energía baja, nos da ganas de llorar, sentimos una opresión en el pecho, etc.

Reconocer esta emoción es saber cuándo aparece y este el primer paso para nuestra inteligencia emocional.

Luego, es importante darle valor a este sentimiento, sin enjuiciarnos con pensamientos negativos sobre esta tristeza que sentimos; es necesario entender que estas situaciones, arriba descritas, y otras, son naturales en la vida y que es imposible dejar de sentir algo en relación a ellas.

También será importante no alimentar la emoción con pensamientos que no guardan relación con el momento presente.

Es decir, por ejemplo: si me despiden de un trabajo, puedo sentir tristeza porque necesito trabajar y porque siento tristeza por lo que ese trabajo traía a mi vida, pero si pienso que me despidieron porque soy incapaz y entonces será difícil encontrar otro trabajo porque me despedirán de nuevo o ni siquiera me contratarán, entonces estoy alimentando más lo que de por sí ya siento. Le echo encima angustia, miedo, culpa, cólera hacia mí mismo, etc.

Cuando aceptamos nuestra emoción sin negarla ni agregarle más sufrimiento, estamos más abiertos a la vida, a aceptar lo que está manifestando dentro y fuera.

Esta forma de gestionar nuestra tristeza nos lleva a una compresión más amorosa de nuestra humanidad, de la vida y sus manifestaciones, nos enseña a valorar a nuestros seres queridos, lo que somos y lo que tenemos.

Las emociones de por sí, están diseñadas para ayudar a que nos adaptemos a los cambios.

Su sabiduría es inmensa y el tiempo que se quedan es corto cuando las dejamos estar el tiempo que necesitamos.

Abrazar nuestra tristeza es verla, reconocerla, abrir nuestro corazón, permitir que se manifieste y dejarla ir para abrirnos nuevamente a la alegría y a ese calorcito que nos hace sentir felices.

Nancy Sánchez

Nancy Sánchez

Soy psicóloga, escritora y directora de Literatura Transformacional, modelo en el que añado, a mi práctica terapéutica, el uso de la literatura y la escritura como herramientas para el autoconocimiento, la expresión saludable y el crecimiento personal.

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