Guía Emocional

El Cáncer y La Expresión de Emociones

El diagnóstico oncológico afecta a una gran parte de la población y es una de las mayores causas de muerte en el mundo. Según el Instituto Nacional del Cáncer (2018), se asume que:

Este año serán diagnosticados 1 735 350 casos nuevos de cáncer en Estados Unidos, y que morirán por esta enfermedad un total de 609 640 personas.

Gran importancia se le presta a la enfermedad como a la persona quien la padece, o así es como debería de ser, puesto que se han reportado diversos casos en los cuales hay presencia de un trato inadecuado y una falta total de empatía hacia los pacientes por parte del personal sanitario (Redacción Médica, 2018).

Aquello ocasiona que diversas personas -ya sean pacientes o sus familiares- reclamen frecuentemente mayor comprensión, respeto y humanización a diferentes entidades médicas.

El tener cáncer implica una serie de reacciones emocionales que de alguna manera van a repercutir desfavorablemente en el estado emocional del paciente oncológico.

La persona que padece esta enfermedad va pasando por una serie de situaciones que indudablemente van a cambiar de manera repentina su día a día.

Desde el momento en el que se recibe el diagnóstico oncológico hasta el sometimiento a diferentes tratamientos -muchos de ellos invasivos- incluyendo los efectos secundarios, conllevarán a la manifestación de muchas emociones: tristeza, miedo, preocupación, felicidad, angustia…, y si a ello le sumamos que en muchos casos el cáncer que alguna vez fue vencido, regresa inesperadamente, la carga emocional será mucho mayor.

Si bien la parte que más afecta a la persona es cuando recibe el diagnóstico oncológico y todo lo que esto implica (procedimientos médicos, pronóstico y tratamiento), existen otros aspectos que van a influir en el estado emocional del paciente.

Y es que a pesar de que esté inmerso en el ambiente hospitalario, no quita que algunos problemas se presenten o, en todo caso, continúen presentándose.

Por ejemplo, los problemas económicos, problemas familiares, la próxima llegada de un hijo al mundo, la disminución en la interacción con su grupo social, el alejamiento de su familia nuclear, y una serie de factores extrahospitalarios que van a influir en la vulnerabilidad del estado emocional del paciente y su grupo de apoyo (algún familiar o amigo que lo esté apoyando en ese momento).

Así, pues, el hecho de que la persona sienta tristeza, miedo o preocupación no es excluyente, teniendo en cuenta el contexto en donde se encuentra él y su familia, las emociones del paciente van a ir fluctuando durante todo el proceso de enfermedad.

Una de las más importantes características de todo ser vivo, es la expresión; y, en nuestro caso, la necesidad de expresar diversas emociones y pensamientos se intensifican al pasar por un momento difícil, mayor aun cuando la vida misma se encuentra en riesgo.

Sin embargo, la buena intención del personal sanitario junto con su grupo de apoyo no permite muchas veces que los pacientes se expresen libremente. Es muy común escuchar frases como: “tienes que estar tranquilo”, “tienes que ser fuerte”, “no llores”, o incluso “si sigues así, te vas a poner peor”.

Estas y otras palabras, por más que hayan sido utilizadas con buena intención, no pasan a ser otra carga, ya que en esos momentos restringen la expresión de sus pensamientos y emociones.

Como ya hemos visto en líneas anteriores, el paciente va pasando por una serie de estímulos estresores en las que tiene todo el derecho de manifestar su tristeza, miedo o cuantas emociones se presenten.

Aquellas frases que no hacen sino causar daño en la mayoría de casos (digo “la mayoría” puesto que en algunos casos estas frases sirven como motivación, pero solo en algunos) tienen un sustento por parte de la familia y el personal sanitario, y es el siguiente:

Cuando una persona se siente triste, llora o está estresada; las defensas bajan y se vuelve más vulnerable a contraer alguna enfermedad infecciosa.

Esta justificación permanece arraigada en la mente de los pacientes y familiares quienes tratan a toda costa de estar bien, pues, ¿quién quiere ponerse peor? Si se tiene en cuenta, claro, que todos quieren sanarse e ir a casa lo más pronto posible. No obstante, ¿qué de cierto hay en todo esto?

Investigaciones al respecto:

Diferentes estudios han demostrado que las personas que experimentan un estrés crónico; es decir, intenso y prolongado, experimentan alergias respiratorias, asma, artritis reumatoide, depresión e insomnio debido a que este estrés crónico influye en los procesos inflamatorios del organismo (MacPherson, Dinkel & Sapolski, 2005; citado por Moscoso, 2014); además, favorece también al padecimiento de obesidad y de diabetes tipo 2 (Epel, Lapidu & McEwen, 2000; citado por Moscoso, 2014).

Asimismo, el Instituto Nacional del Cáncer señala que este tipo de estrés favorece en tener mayores probabilidades de problemas digestivos, urinarios y de un sistema inmunitario debilitado, además de desarrollar mayor vulnerabilidad para contraer infecciones, como el dolor de cabeza y gripe.

Otros estudios afirman que la norepinefrina, la cual es la hormona del estrés, puede promover la angiogénesis y la metástasis.

Tal como señalan las investigaciones, las consecuencias en la salud, mismas que refieren los médicos y/o enfermeras, sucede solo cuando el paciente presenta un estrés crónico, lo cual es diferente a estar triste, preocupado o llorar algunas veces; es decir, el estrés crónico implica las manifestaciones de tristeza, miedo y/o angustia, pero no siempre estas últimas significan que la persona presenta un estrés crónico.

Las reacciones emocionales que tiene el paciente son propias de la adaptación y asimilación a la enfermedad oncológica, tratamientos y ambiente intrahospitalario; no obstante, se debe estar siempre alerta, puesto que aquellas manifestaciones pueden tornarse más intensas hasta el punto de que el paciente pase por una depresión mayor o ansiedad.

Pretender evitar las consecuencias del estrés crónico bajo las ya mencionadas modalidades, puede resultar contraproducente y, paradójicamente, lograr lo que tanto se quiere evitar.

A continuación, se pondrá un ejemplo de Yo Psicólogo (2017) en su artículo ¿Los pacientes oncológicos no deben llorar?:

La familia y el personal sanitario restringe las emociones y pensamientos del paciente debido a que ‘le hará mal estar así’, y ‘tiene que estar tranquilo para que se recupere’ el paciente reprime estas emociones y busca distraerse, evitando así cualquier manifestación de las mismas.

Cada que el paciente expresa su malestar, hay personas que le repiten lo mencionado, lo cual va a generar que se sienta incomprendido y pueda adoptar ciertas actitudes disociales o comportamientos agresivos hacia otros (pues claro, como tú no estás en mi lugar).

El paciente comenzará a guardar u ocultar todo tipo de incomodidades y malestares, así como también diversos pensamientos y emociones; lo cual generará, probablemente, que desarrolle un estrés crónico provocando lo que al principio quería evitarse.

En este ejemplo se puede entender cuáles son los probables efectos que tendrán lugar a futuro si se sigue usando esta modalidad que no hace más que restringir las emociones de aquellos pacientes que tienen todo el derecho a sentirse tal como lo hacen.

Por ello, muchas entidades médicas están tomando mayor importancia al estado emocional de las personas durante una enfermedad crónica, y cada vez hay más psicólogos especializados para este grupo de pacientes.

La Psicooncología se encuentra dentro de la psicología de la salud, que se ocupa de atender a personas afectadas por el cáncer.

Estudia la relación de variables biopsicosociales y ayuda a afrontar el impacto emocional de la enfermedad y del tratamiento para mejorar la calidad de vida.

Los pacientes necesitan a alguien que los comprenda y valide sus emociones, pensamientos y acciones. Necesitan sentirse acompañados en este proceso que para ellos puede ser percibido como algo interminable.

Referencias:

Sergio Vicente

Sergio Vicente

Soy Egresado de Psicología, con orientación cognitivo-conductual. Tengo experiencia en el área clínica, trabajando con pacientes oncológicos. Me interesa mucho la investigación basada en evidencias y promover la salud mental.

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