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Guía Emocional

Cómo Manejar tus Miedos de Manera Efectiva

Imagen cortesía de Unsplash

En carteles, pósteres, afiches, videos, textos, día a día vemos mensajes como estos: “Aleja al miedo”, “libérate del miedo”, “deja atrás el miedo”, “fuera miedos”, etc. Y aunque son mensajes que tienen una finalidad positiva (animarte a que logres lo que deseas), no son reales.

Al escuchar estas palabras, lo que viene a mi mente es que el miedo es algo malo de lo que tengo que librarme, que si lo siento está mal, que no debería sentirlo, que es algo que me hace daño.

Sin embargo, el miedo es una emoción básica, tan básica que lo hemos sentido desde el comienzo de nuestros días, y nos ha permitido adaptarnos a nuestro medio ambiente, desarrollar nuestra inteligencia y evolucionar, cuando han sido funcionales.

Para entender qué es el miedo, tendríamos que entrar en definiciones, pero la más acertada, para mí, es la de Norberto Levy, quien en su libro Sabiduría de las emociones nos dice:

“El miedo es una valiosísima señal que indica una desproporción entre la amenaza a la que nos enfrentamos y los recursos con que contamos para resolverla. Sin embargo, nuestra confusión e ignorancia lo han convertido en una ‘emoción negativa’ que debe ser eliminada” (*).

Es importante entender que las personas venimos con diferentes historias de vida, que van enmarcando nuestra forma de ser (lo que llamamos personalidad) y a lo largo de nuestra vida, vamos adquiriendo herramientas para enfrentar situaciones, nuevas y difíciles, y relacionarnos con los demás y todo lo que nos rodea.

Cuando no hemos adquirido estos recursos, sea porque no nos fueron enseñados, o sea porque tienen que ver con nuestras características físicas y psicológicas, vamos a sentir miedo.

Decirle a una persona que enfrente sus miedos y los eche fuera, es fácil. Lo difícil es ver realmente a la persona que tenemos al frente, ver que no es una tarea sencilla para algunos y sobre todo, ver cambios permanentes.

Hay personas para las que es más difícil que otras, por ejemplo las que tienen un rasgo de ansiedad, las que presentan fobias, ataques de pánico, pánico escénico, timidez, temor al rechazo o a la crítica, etc. Si la liga se va hacia el lado extremo con fuerza (o a la fuerza), volverá con esa misma velocidad a su estado normal.

Es por ello que si “trabajamos” el miedo rápidamente, sentiremos inicialmente una sensación de poder, energía y optimismo.

Saldremos con todo a decir al mundo: “yo puedo, lo puedo todo, soy fuerte, no tengo miedo”, pero una vez que esa sensación pasa, lo más probable es que volvamos a sentir miedo y nuestra energía baje, además de culparnos, avergonzarnos o ponernos tristes, por no ajustarnos a lo que deberíamos ser.

¿Es posible liberarme del miedo?

  • ¿Quién siente miedo?:
    • Yo.
  • Y si me piden que me libere de él, ¿qué me están diciendo?:
    • Que el miedo es mi enemigo y por tanto tengo que luchar y pelearme conmigo mismo.

Entender la finalidad del miedo

El miedo, como he mencionado arriba, es una emoción básica que tiene por finalidad activar las señales para protegernos. Cuando sentimos miedo, el cuerpo se prepara para enfrentar algo que puede resultar amenazante.

Hay cosas que pueden ser más o menos generales, como sentir miedo durante un asalto, ante la llegada de un terremoto, a la muerte que desconocemos, a la pérdida de un ser querido, etc. y otras que van a depender de la historia personal de cada uno.

Por ejemplo:

  • Dejar una relación que no me satisface, podría generarme miedo.
  • Empezar un nuevo trabajo, podría generarme miedo.
  • Empezar algo nuevo, podría generarme miedo.
  • Hablar con alguien a quien considero superior, podría generarme miedo.
  • Tener la posibilidad de fallar, podría generarme miedo.
  • No tener dinero en mi cuenta, podría generarme miedo.

Recordemos que estas situaciones no generan miedo en sí mismas, sino que ello va a depender de los recursos que tengamos cuando las enfrentemos.

Entonces, es cuando el miedo puede convertirse en una señal de que nos falta algo para enfrentar esa situación.

¿Por qué tendría que escuchar a mi miedo?

Nos han hecho creer que el miedo es para los cobardes, así que una de las primeras cosas que podemos hacer para empezar a trabajar con nuestros miedos es aceptarlos con humildad y coraje.

Para responder a esta pregunta, volveré a tomar lo que dice Norberto:

“Pero es importante aclarar que el miedo no es el problema. El miedo está indicando que existe un problema, lo cual es completamente distinto…

El miedo es como la luz que se enciende en el tablero de mandos del automóvil que indica, por ejemplo, que hay poco combustible en el depósito. Todos sabemos que el problema no es la luz roja, sino que esa luz es un aliado extraordinario que nos informa que hay poco combustible y necesitamos resolver ese problema.

Por lo tanto, si hemos aprendido a aprovechar esa señal, cuando la luz roja se enciende, agradecemos la información que nos brinda y tratamos de resolver la situación que nos muestra.

Aprovechamos la luz roja; no la acusamos ni la destruimos ni la convertimos en el problema, sino que la utilizamos para resolver el problema” (**)

Si puedes escuchar el miedo, puedes empezar a ver qué recursos necesitas desarrollar para solucionar las situaciones, en vez de amargarte o tratarte mal cuando aparece.

A todos nos importa lograr lo que queremos y nos encanta poder fluir con la vida, aceptar retos y cumplirlos, pero aceptar que tenemos limitaciones no nos hace peores que otros, solo distintos.

Si, por ejemplo, sientes miedo a hablar en público, pelearte con tu miedo solo hará que este se note más, porque no estás haciendo nada para solucionarlo.

Mientras miras a los demás, te dará cólera sentirlo y empezarás a pensar que es un obstáculo, y al pelearte con él, dejarás de enfocarte en tu público y en tu discurso, y lo más probable es que las cosas salgan mal, porque no estabas presente, sino en tus pensamientos.

Lo más sano, entonces, es ver qué necesitas para trabajar en fortalecer o implementar los recursos para hablar más claro, para fluir mejor, para expresar tus ideas tal y como las pensaste, para interactuar con los demás, etc. Y ese es un camino de aprendizaje, que puedes transitar cuando estés dispuesto.

Aceptar el miedo, acogerlo en vez de negarlo, escuchar qué necesitamos implementar, qué recursos tenemos que desarrollar, cómo cuidarnos, cómo marcar nuestros límites, es lo que hará que alcancemos lo que nos proponemos. Que en vez de limitarnos, nos permitamos ser quiénes somos.

El miedo es una emoción, y las emociones son pasajeras. Si dejamos de atribuir pensamientos negativos sobre ella, la ansiedad disminuirá considerablemente.

Si aceptamos nuestra vulnerabilidad como humanos, podremos ver también la vulnerabilidad en otros.

Si nos permitimos ser quiénes somos, no necesitaremos ponernos máscaras para tapar aquello que surge espontáneamente.

Si nosotros nos aceptamos, afuera también nos verán brillar.

(*)(**) Norberto Levy (2006), Sabiduría de las emociones, editorial Debolsillo.

Nancy Sánchez

Nancy Sánchez

Soy psicóloga, escritora y directora de Literatura Transformacional, modelo en el que añado, a mi práctica terapéutica, el uso de la literatura y la escritura como herramientas para el autoconocimiento, la expresión saludable y el crecimiento personal.

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