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Guía Emocional

Cuando quejarse ya no da resultados

Imagen cortesía de picjumbo

Te levantas y… ¡qué frío! Salir de la cama es un fastidio. En la ducha el agua no está tan caliente como quisieras y al salir de casa el tráfico te abruma. Las personas del bus son poco amables y al llegar a la oficina te encuentras con un jefe apurado que te pide que dejes todo lo que estabas haciendo para ir a una reunión.

En tu mente te quejas: de la cara de tu jefe, la reunión, nuevamente del tráfico, de no haber tomado desayuno y al recordar que tendrás menos tiempo para avanzar los pendientes porque no querías ir a la reunión.

¿Sigo? ¿Agregamos más situaciones en la lista? ¿Nos seguimos quejando? No, al menos yo he decidido que no lo haré más por hoy. En realidad, me cansé de quejarme. Me di cuenta que no me está generando ningún beneficio y quisiera dejarlo. ¿Tú también? Entonces… ¡no te quejes! Ok, ok, no es así de sencillo.

Cambiar implica que queramos hacerlo. Así que si has tomado la decisión de cambiar, es importante que tengas presente que no es algo que ocurrirá de manera mágica por más que lo desees mucho. Requiere compromiso y chamba, un trabajo constante contigo para recordarte que ‘los lentes de la queja’ que has utilizado durante un tiempo ya no te están ayudando a disfrutar la vida.

Será un camino de auto observación en donde tendrás que recordarte la necesidad de reevaluar los sucesos que vives. Entonces… ¿por dónde comenzamos?

Imagen cortesía de picjumbo

En primer lugar,  por entender qué es lo que nos está haciendo quejarnos. Identifica cuáles son las emociones que están detrás de tu queja: ¿es enojo, rabia, tristeza, frustración? Y una vez que seas consciente de la emoción, reflexiona ¿qué pasó para que esa emoción se activara?

Si ya te diste cuenta qué fue lo que activó tu emoción, ahora evalúa si esa situación depende de ti y cómo puedes hacerte cargo. Si te estás quejando por algo que no has hecho, considera tomarte el tiempo para prever eso la próxima vez. Si te quejas porque anhelas cosas que hoy están fuera de tu alcance, primero reflexiona qué tan realista es tu pensamiento (por ejemplo, quejarme porque me desperté y no soy millonaria) y cuestiona de qué manera te está ayudando mantener esas ideas.

Si te das cuenta que esas ideas “no te están aportando”, eres tú quien puede elegir cambiarlas por otras que resulten más factibles y funcionales. También puedes hacer una lista para identificar las tareas o pequeños pasos que necesitas realizar para acercarte a aquello que hoy parece muy lejano. Por ejemplo, si te quejas porque no te queda tu pantalón favorito o porque hay mucho tráfico, evalúa qué puedes hacer frente a eso.

De un día para el otro no te va a quedar el pantalón y necesitarás tomar acciones como comer más sano, añadir caminata, etc. De igual modo con el tráfico, es ilusorio pensar que mañana no existirá pero tú puedes cambiar tu comportamiento y actitud para hacerle frente de manera distinta. Salir más temprano, escuchar música en el trayecto, bajarte antes de tu destino para caminar algunas cuadras; estas son solo algunas ideas.

Sé que pareciera que quejarnos es una respuesta natural y automática frente a algunas situaciones pero no es así. No venimos programados para quejarnos del mundo sino que elegimos evaluar el mundo de tal forma que interpretamos los hechos de la vida como terribles, molestos, injustos…

Recuerda que existe una importante diferencia entre los hechos y la manera en que los interpretamos. La mayoría de veces nuestra queja no se debe a la situación en si misma sino a la manera en la que evaluamos lo que pasó.

No digo que sea sencillo dejar nuestros ‘lentes de la queja’ pero creo que vale la pena ponerte a prueba para reevaluar la manera en la que interpretas los sucesos y que te permitas tomar ‘los lentes de la curiosidad’; una manera de aproximarse al mundo que está muy presente en los niños, quienes se acercan a la realidad para conocer lo qué pasa antes que para calificarlo y juzgarlo, tenemos mucho que aprender de ellos.

Karina Ramos Murga

Karina Ramos Murga

Soy Psicóloga Clínica y Comunicadora. Me gusta generar situaciones y espacios que puedan despertar la curiosidad de las personas por conocerse y comprenderse. Soy especialista en resolución de conflictos y Psicoterapeuta Cognitivo Conductual en formación.

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