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Guía Emocional

Disfrutemos Hoy, Aquí y Ahora

Foto de pixabay.com

Todo estará bien luego, nos repetimos para sentir calma hoy. Que todo va a estar bien cuando termine el proyecto, cuando tengamos vacaciones, cuando estemos con cierta persona, cuando acabe el curso… Es decir, mañana.

¿Te has dado cuenta de que el mañana es un curioso lugar que solo existe en nuestra mente? Sin embargo, vivimos planeando escenarios futuros, incluso alternativos, en donde nos imaginamos tranquilos, descansando, disfrutando, viviendo plenamente. Pero… ¿qué pasa con nuestro presente? ¿Cómo estamos viviendo el hoy?

Algunas personas –me incluyo- vemos el hoy como algo que se nos esfuma de las manos y nos resulta difícil tener un registro del presente. Incluso, pareciera que no está ocurriendo, sobre todo porque nuestra atención suele estar en el futuro. Y es que vamos caminando por la vida mirando la lista de pendientes: lo que haremos en unas horas, días, meses, años e incluso en otras vidas que hemos imaginado para nosotros.

Cuando tenemos una pequeña pausa en nuestro día, solemos pensar en la siguiente reunión del día, en los quehaceres del hogar, en las tareas profesionales o personales, y por qué no,  también en los planes de fin de semana aunque sea lunes o mitad de semana. Pareciera que nos hemos creído que en el futuro está aquello que será “mejor” para nosotros y nuestra vida. Hoy no, porque estamos cansados, con trabajo, con pendientes. Pero mañana sí.

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Por ejemplo, se han dado cuenta que a los niños constantemente les preguntamos qué quieren ser “cuando sean grandes”. Somos los adultos quienes les enseñamos a imaginar que en su futuro ocurrirán cosas grandes y positivas. Serán profesionales, viajarán, vivirán solos, tendrán muchas experiencias. Son pocos los que destacan el valor del presente y de su momento vital –la infancia-, como jugar o descubrir nuevas cosas en lo cotidiano.

Pero vislumbrar un mañana, tener metas y hacer planes es positivo, no me malentiendan. Aquello que está en el futuro y que deseamos, realmente nos inspira y nos motiva a levantarnos todos los días. Sin embargo, creo que cuando nuestra atención está tan orientada hacia el futuro, nos olvidamos que en este preciso instante, segundo y minuto está ocurriendo todo lo que importa y que realmente tenemos. Nos olvidamos que la satisfacción y el bienestar están aquí y ahora.

Cuando vivimos principalmente orientados al futuro, nuestra probabilidad de sentirnos ansiosos se incrementa. Porque aquello que nos hará plenos y felices no está aquí sino que está por venir, y cuando llega, suele durar poco tiempo.

Y esto sucede porque no necesariamente estamos disfrutando del proceso y de lo que hemos elegido hacer con nuestro día, sino que nos enfocamos en el resultado, en el instante en el que llegamos a la meta. Pero una vez ahí, en la meta, puede aparecer una sensación de insatisfacción, así que nos ponemos otra idea futura para ir tras ella.

Cuando elegimos vivir bajo esta lógica, me atrevo a decir que nos hemos obsesionado con el futuro. Entonces, desde ese lugar, solemos olvidar que no necesitamos que sea año nuevo para que nuestro año mejore, que no debemos esperar al siguiente lunes para tener una “mejor” semana y que no tenemos que esperar hasta la época de navidad para compartir con la familia y los amigos.

Y sin querer, o sin darnos cuenta, nos hemos olvidado que vacaciones no es sinónimo de disfrute, sino que podemos hacer de nuestra vida misma un disfrute. Así es, disfrutar. Hoy. Aquí.

El significado de disfrutar será distinto para cada uno de nosotros, pero creo que es necesario reflexionar al respecto y preguntarnos qué podemos hacer en cada instante, durante cada día, para disfrutarlo. No necesitamos esperar un feriado o vacaciones para eso.

Les prometo que si descubren su disfrute en lo cotidiano, verán el mañana como una hermosa oportunidad que los inspira y no necesariamente como un lugar al que necesitan llegar para estar bien.

¿Pero cómo? Pues los invito a que cada actividad que hagan, realmente la hagan. Regálense este fin de año la oportunidad de mirar a los demás y que no sea “a medias”, es decir, que su vista y atención no se vayan a otro lado o hacia objetos (celulares, por ejemplo). Salgan a caminar prestando atención al ambiente y los sonidos del exterior más que a los sonidos de su mente. Siéntense a comer y que no sea “a la volada” y busquen no solo oír a los otros sino también escucharlos. Como resultado, las personas se sentirán acogidas y tendrán menor necesidad de decirles “escúchame” o “a ver… ¿qué te dije?”.

Hagan la prueba. Si el modo actual no está funcionando, entonces es momento de probar otras formas de aproximarnos a la realidad. Es hora de recuperar esa curiosidad tan genuina de los niños y niñas que hemos olvidado o, incluso, juzgado. Háganlo y verán que, si colocan su atención en lo que están haciendo y disponen todos sus sentidos en ello, descubrirán una nueva manera de vivir.

Karina Ramos Murga

Karina Ramos Murga

Soy Psicóloga Clínica y Comunicadora. Me gusta generar situaciones y espacios que despierten la curiosidad de las personas por conocerse y comprenderse. Soy especialista en resolución de conflictos y Psicoterapeuta Cognitivo Conductual en formación.

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