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Guía Emocional

El asombroso poder del ¡wow!

Imagen cortesía de Pixabay

Lo llamaré “pequeño saltamontes” para salvaguardar su identidad. Es un niño de 10 años de edad que vive en un pueblito al norte del país.

Aquella tarde, después de jugar a la pelota, nos tiramos al suelo boca arriba admirando el cielo. Un prolongado silencio de descanso se rompió con una pregunta:

-¿Ale, cómo es el cine?

Giré mi cabeza para mirarlo y fruncí el ceño en señal de extrañeza. Sonreí y respondí:

– Bueno… el cine es una sala grande, oscura, tiene muchas sillas y una pantalla enorme donde se proyectan películas. Es como una tele cien veces mucho más grande- ¿Seguro que nunca has ido?- Pregunté.

– No…, pero te prometo que ahorraré de mi propina y te iré a visitar para que me lleves.

Sonreí conmovida por su respuesta y moví la cabeza en son de afirmación.

Al cabo de unas semanas, había convencido a un tío que lo llevara a visitarme. Lo primero que me dijo al verme fue que quería ir al cine. No dudé en decirle que sí.

En el camino lo notaba inquieto, me miraba y sonreía. Unos metros antes de llegar me dijo: ¡Ay, estoy emocionado! Hoy, es mi primera vez en el cine y es maravilloso.

Lo miré, sonreí y lo abracé.

Eligió la película que quería ver y caminaba dando saltitos de alegría. Sus ojos se abrían grande para ver lo que había a su alrededor. Era como si quisiera grabar todos los detalles en su memoria. Sorprendido, maravillado, con su boca entreabierta, respirando hondo y exhalando un ligero y tierno ¡wow! Se acomodó en su asiento y se inmutó hasta el final de la película.

-Has cumplido mi ilusión. ¡Gracias!-

¡Nudo en la garganta y agüita en los ojos! Esas palabras te estrujan el corazón.

Se despidió con un fuerte abrazo y un “te quiero”.

En mi memoria quedó grabada la expresión en su rostro, el brillo en sus enormes ojos marrones, su sonrisa imborrable, sus suspiros, sus ¡wow! y ese toque de inocencia que a los 10 años, algunos chicos de la ciudad, van perdiendo.

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Lo que experimentó el pequeño saltamontes es esa maravillosa CAPACIDAD DE ASOMBRO, la que infortunadamente, en nuestra sociedad, es reemplazada por el activismo del día a día.

Tenemos la tendencia a darlo todo por obvio o creer que basta apretar una tecla para tener una respuesta. Esto solo nos lleva a perder de vista la creatividad, la iniciativa, la innovación, generando que los problemas nos lleven ventaja y nos devoren.

Catherine L’Ecuyer, en su libro “Educar para el asombro”, cita un estudio de los investigadores Berger y Milkman, de la Universidad de Pennsylvania, quienes definen el asombro como:

“Una emoción de trascendencia personal, un sentimiento de admiración y de elevación frente a algo que lo supera a uno. Invoca la apertura y la ampliación del espíritu y hace que uno pare para pensar”.

Y es que el asombro nos permite conectarnos con la simpleza y la belleza de la vida. Nos permite escucharnos, vernos, legitimarnos, conectarnos con lo más puro, noble de nuestro ser y tener voluntad para aprender.

¿Quieres romper la rutina?, ¿quieres encontrar sentido a la vida?

¡Asómbrate!

Contempla lo que hay a tu alrededor en su verdadera dimensión, en lugar de verlas como parte de la frívola naturaleza a la que estamos acostumbrados.

Busquemos ser llamados “los eternos niños”.  No para que se nos etiquete de infantilismo, sino como una alabanza por “ver en el asombro la condición más elevada de la existencia humana” (Harkianakis).

Mi gratitud para el pequeño saltamontes que me dejó alegría en el corazón y la lección del poderoso ¡WOW!

Alexandra De la Torre Montoya

Alexandra De la Torre Montoya

Psicóloga, especialista en el área educativa. Maestra en educación con Mención en Tutoría y Orientación Educacional. Coach certificada por la ICC de Londres y la WORLD ASSOCIATION OF COACHING LEARNING, especialista en Terapia Racional Emotiva con niños y adolescentes.

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