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Guía Emocional

El Efecto Sanador de la Escritura Terapéutica

Imagen cortesía de Unsplash

Hoy quiero compartirles mi experiencia utilizando la escritura terapéutica, tanto en mi vida personal como en mi labor como terapeuta.

La escritura surgió desde mi niñez, y aunque aún no era consciente de sus beneficios, algo me llamaba a escribirlo TODO. Afortunadamente he crecido en un ambiente respetuoso de mis espacios y mis cosas, en general, así que cuando recibí mi primer diario (un regalo muy usual en mi niñez) fue maravilloso.

Escribía canciones, poemas que copiaba de mi abuela, frases que me gustaban, pensamientos que tenía y todo lo que no podía comprender de lo que pasaba a mi alrededor. Luego ya no importaba que fuese un “diario”, sino que podía utilizar cualquier bloc.

Muchos años después, encontré que la terapia podía beneficiarse de la escritura, así que me he dedicado, a lo largo de estos años, a buscar cómo y en qué momentos. Aquí está lo que encontré y aplico, tanto para mí como con mis pacientes:

¿Cuándo escribir? (algunos consejos)

Cuando nos sentimos tristes, solos o con alguna vivencia de culpa o desesperanza.

Aquí el diario puede ser un compañero al que le podemos expresar nuestros sentimientos. Recuerda que una de las causas de la depresión es el sentimiento de soledad que no se puede manejar. La escritura terapéutica favorece que nuestro estado de ánimo suba gracias a la expresión y a la comprensión, pone en orden nuestros pensamientos y también fortalece el sistema inmunológico y mejora el sueño.

Te recomiendo, también, añadir un diario de gratitud, pues hará que tu mente aprenda a observar y enfocarse también en lo bueno y valioso que tienes y que eres. ¿Cómo empezar? Muy simple: cada noche al acostarte escribe 3 cosas por las que te sientes agradecido. Puede ser un aprendizaje nuevo, una buena nota, el chocolate que te dejaron en tu mesa de trabajo, etc. El agradecimiento nos conecta con la abundancia y no con la carencia. Seguro, con el tiempo irás encontrando más de 3 cosas cada día.

 

Cuando nos sentimos muy enojados

Hay ocasiones en las que nuestra ira puede sentirse tan fuerte que de nuestra boca quieren salir palabras que en vez de ayudar, pueden lastimar a los seres que más amamos y a nosotros mismos. La negatividad no soluciona los problemas, los crea. Y no es que enojarnos esté mal, para nada, ya que el enojo es una señal importante para transformar algo que nos disgusta. Pero es importante aprender cómo expresar ese enojo que surge, para resolver. Por ello: cuando sientas mucha carga negativa, escribe en lo que tengas a mano, puede ser una hoja, en el bloc de tu celular, en tu computadora. Seguro que la carga disminuirá por la expresión, pero ojo: no es suficiente. Luego te tocará resolver esa situación que te causó molestia.

 

Cuando nos sentimos ansiosos y tenemos muchas cosas en la cabeza (pensamientos negativos sobre el futuro, por ejemplo).

Recuerda que la ansiedad crece por los pensamientos, es decir, por todo lo que nos decimos acerca de las situaciones que vivimos. Ante el cúmulo de ideas a futuro, aparece el miedo, la angustia, desesperación, pérdida de control y síntomas físicos como dolores de cabeza, tensión muscular, aumento del ritmo cardiaco, etc. Todo lo que no se expresa, se queda en el cuerpo y lo va enfermando, por ello utiliza la escritura terapéutica como catarsis, ya que es importante que aprendas a deshacerte de todo contenido mental que no te ayude a crecer y sentirte bien, que aprendas también a no identificarte con esos pensamientos y soltarlos para volver a conectarte con el presente y los recursos que tienes para afrontar las situaciones estresante.  No olvides que es importante el soporte terapéutico.

 

Cuando te surja una nueva idea o meta a alcanzar.

Julia Cameron en su libro “El camino del artista” recomienda escribir 3 páginas diarias en la mañana por 12 semanas, no importa cómo ni qué, ya que este ejercicio, al volverse un hábito, permite que limpiemos nuestra mente de contenido que no nos sirve y nos abramos a la creatividad e imaginación, tan inherentes a nosotros. De esta manera, podemos estar más libres para plantearnos objetivos y alcanzarlos.

 

Cuando tenemos una situación traumática que se nos repite con frecuencia en la mente y nos impide avanzar y continuar.

Si bien, soy partidaria de que las cosas no se olvidan ni se “superan” de modo tan fácil como algunos piensan, sí creo que a la par de un tratamiento adecuado, las páginas escritas sobre un tema que nos agobia, nos proporciona la oportunidad de dar expresión (fuera) a lo que nos pasa en relación con esa herida. Por ello, plasmarlo es el primer paso para poner en orden nuestros sentimientos y pensamientos, y dirigirnos hacia los que necesitamos en función de esa situación. Esto con la terapia, permitirá que puedas comprender y sanar la herida. James Pennebaker en su libro “Escribir para sanar”recomienda escribir sobre una situación dolorosa o desagradable por 4 días consecutivos. Solo 4 dice él, para no instalarnos en la queja o en la victimización. La idea es que puedas irte conectando con tu capacidad de soltar la carga emocional, te empoderes y conectes con tus recursos.

 

Cuando queremos “hablarle” a un aspecto interior herido o inmaduro.

Basándome en el libro de John Bradshaw: “El niño interior” utilizo este ejercicio en mis sesiones grupales e individuales. Va así:

Primero creo el espacio para que la persona se contacte con una forma de ser o sentir  que no le gusta de sí mismo. Por ejemplo: Mi aspecto celoso. Evaluamos este aspecto y lo que nos pasa es que normalmente nos criticamos cuando surge, pero no lo escuchamos ni sabemos de dónde proviene ese sentimiento y esa conducta que muestra.

El primer paso es que mi aspecto celoso le cuente a la mujer adulta que soy cómo es ser y sentirse así. Qué le sucede interiormente, qué piensa en ese momento, qué siente y qué suele hacer.

La carta, por ejemplo, sería:

Soy tu aspecto celoso, yo sé que no me quieres en tu vida porque te traigo problemas. Quiero contarte que cuando estoy en pareja suelo sentirme poco importante y eso me pone triste, pero también me enoja muchísimo. Pienso: ‘no me ama, no soy importante, no me ve,  qué hago aquí, etc.’ y por eso a veces huyo o reacciono impulsivamente, pierdo el control. Luego me doy cuenta de que mi conducta asusta y no sé qué hacer. Si tan solo pudieras saber cuánto sufro en esos momentos y cuánto necesito de ti…”

 De esta manera invito a que las personas puedan escuchar lo que ese aspecto desagradable siente y posteriormente, lo que necesita para ser sanado. Para ello, propongo que haya una respuesta a esta primera carta, de la parte adulta al aspecto a sanar.

La carta, por ejemplo, sería así:

Confieso que pensé que te conocía, pero ahora que te leo me doy cuenta de que solo veía tus reacciones, pero no lo que te pasaba. No sabía cómo te sentías ni por qué actuabas así. Comprendo que cuando me dices que no te quiero en mi vida, eso aumenta tu sentir de tristeza y enojo. Me gustaría que nos conozcamos más y saber qué necesitas de mí…”

 De esta manera establezco un diálogo sanador de acuerdo a cada persona y a cómo ella viva cada emoción o cada característica que no ha aprendido, hasta el momento, a observar y manejar.

Hablar con uno mismo, escribirse a uno mismo es un acto que nos ayuda a conocernos y aceptarnos. Es como decía Carl Rogers: “La curiosa paradoja es que cuando me acepto a mí mismo, puedo cambiar”.

 Finalmente, recuerda que la escritura terapéutica tiene muchos beneficios, pero se potenciaran y verás más cambios en ti a medida que tu nivel de consciencia aumente y te guíe a alcanzar tus metas. Y también recuerda que en caso tus emociones sean muy fuertes, es muy saludable y necesario buscar apoyo profesional.

 

Hasta el próximo post.

Nancy Sánchez

Nancy Sánchez

Soy psicóloga, escritora y directora de Literatura Transformacional, modelo en el que añado, a mi práctica terapéutica, el uso de la literatura y la escritura como herramientas para el autoconocimiento, la expresión saludable y el crecimiento personal.

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