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Guía Emocional

El lado B de la maternidad

Las interacciones más tempranas en la vida y los primeros cuidados recibidos son primordiales dado que, como lo señalan muchos especialistas en salud mental, la primera infancia es un momento clave para el desarrollo de la personalidad, el contacto con la realidad, la vivencia del cuerpo y el equilibrio emocional.

No obstante, aunque, para muchas mujeres, la maternidad es la experiencia más emocionante y especial de sus vidas, algunas, por otro lado, experimentan esta etapa como abrumadora y pocas son las que se atreven a decirlo, por las expectativas y obligaciones que impone la sociedad. Sin descartar lo maravillosa que puede ser, aquí se hablará del “lado b” de la maternidad; es decir, de algunos aspectos que muchas no mencionan pero que pueden ocurrir durante el parto y los primeros meses posteriores.

“Mi primer parto fue espantoso; la recuperación de la cesárea tampoco fue fácil. Y de pronto, esta cosa de la maternidad se me empezó a escapar de las manos. Me desesperaba no poder trabajar…Todo me parecía difícil, agotador. Lloraba de sueño y cansancio. La primera semana después del nacimiento, me fui donde mi mamá. Quería que ella lo bañara, limpiara, alimentara. Yo no me creía capaz. Solo podía pensar en por qué nadie me había explicado el secreto más grande del mundo… Que, al principio, ser mamá es la cosa más horrible y difícil,” cuenta Nuria (33), madre de dos niños pequeños.

Es cierto que la maternidad puede suscitar sentimientos de impotencia, frustración, furia o vulnerabilidad, ya sea porque una madre se identifica con su bebé o porque los retos que debe asumir la sitúan en aquella posición. Además, hay que tomar en cuenta que durante las primeras semanas, una madre todavía está en carne viva –en sentido figurado y literal- ante su propia experiencia de embarazo y alumbramiento, por lo cual se encuentra sensible y frágil. Sin embargo, debe asumir la responsabilidad principal de cuidar a su recién nacido, estar en continuo contacto con él, sin tener el espacio ni el tiempo para pensar en sí misma. Es natural que pueda sentirse agobiada por intensas emociones e incluso, “no creerse capaz”.

“Yo sentía que me estaba volviendo invisible. Todos querían venir a ver a mi bebé y conocerlo pero no tomaban en cuenta mi cansancio, mi dolor o que me estaba recuperando de la cesárea… De pronto, solo era la mamá de X o la fuente de alimento de X. Nadie pensaba en mis propias necesidades,” confiesa Nuria.

Entre algunas de las sensaciones que una madre en pleno puerperio puede tener es la de la pérdida de identidad, sintiéndose invadida por su bebé y atada por las expectativas sociales. Añadido a esto, puede haber una sensación de estar siendo “absorbida”, en tanto el infante debe succionar leche materna para sobrevivir y ella debe responder incondicionalmente a llantos, tanto como eliminar las suciedades que este produce. Además, estas tareas requieren de mucha dedicación e impiden una interacción con demás compañía adulta, lo que puede generarle sentimientos de soledad y aislamiento.

“Después, me empezó a pasar que me sentía sola y que solo hablaba en lenguaje infantil. Mis conversaciones eran sobre el programa de TV que veía mi bebé, la teta y no mucho más. Me sentía desactualizada y sola”, comenta.

Otra de las difíciles tareas de esta etapa es lograr identificar los distintos llantos de un bebé. Hay llantos de hambre, de sueño, de dolor, de incomodidad, etc. A pesar de lo turbulentos que pueden ser estos momentos para ella, la madre necesita estar emocionalmente apta y ser sensible para responder a las señales de su recién nacido y comprenderlo.

“No puede hablar, no me puede decir qué le duele. Cuando llora mucho le pongo el chupón pero estos días no está funcionando. Las últimas tres noches han sido de terror. Él lloraba y yo lloraba con él. Felizmente, tengo todo el apoyo de mi esposo,” narra Nuria sobre su experiencia cuando su bebé estuvo enfermo.

Pero… ¿Por qué escribir sobre estos aspectos negativos? Porque muchas veces quienes estamos alrededor, no somos muy conscientes de lo que sucede y, a su vez, para una madre, sentirse de estas maneras y tener estas vivencias genera culpa.

Quizás saber que muchas otras pasan por lo mismo ayuda a aligerar la carga. En realidad, como nos dice Nuria, “no pasa nada con pasarla mal durante los primeros meses de vida de tu bebé. Yo aprendí que eso es normal. Lo importante es contar con apoyo y red de soporte para ti; para cuidarte a ti y para cuidarlo a él”. Un bebé, además, expuesto a una madre perfecta, esperará un mundo perfecto y tendrá muchas frustraciones y dificultades para resolver problemas en el futuro. Nuria añade algo muy importante: “Luego los miras (a tus hijos) y piensas que todo vale la pena. Solo hay que tomar una decisión a conciencia y realmente desear ser madre antes de serlo”.

Imagen cortesía de Unsplash

Referencias bibliográficas:

Raphael Leff, J. (1994) El lugar de las cosas salvajes. En Moisés Lemlij (Ed) Mujeres por Mujeres. Lima: Biblioteca Peruana de Psicoanálisis.

Winnicott, D. (1998). Acerca de los niños. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Daniella Saettone Arróspide

Daniella Saettone Arróspide

Psicóloga clínica, Magíster en Terapia De Familia y Pareja. Con experiencia en psicoterapia y consejería psicológica – en el ámbito clínico y educativo -. Se ha desenvuelto como docente de educación secundaria, preuniversitaria y universitaria durante más de quince años y presenta habilidad para el trabajo con jóvenes y adolescentes, liderando y gestionando grupos.
Cantante y compositora, a su vez, siendo una conocida exponente de su escena local. Actualmente, viene desarrollándose como Psicoterapeuta en consulta privada.

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