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Guía Emocional

El paso de los años, la Vejez y la Vida

Hoy me encontré 2 canas, y justo en la soledad. ¿Qué significa para mí? Pues que ya no soy tan joven. Tengo 33 años, una hija que acaba de entrar a la secundaria, una vida de infancia que parece remota y un futuro que, a veces, me asusta. No sé qué pase de aquí en adelante. Escucho decir que los años no perdonan y nos hacemos viejos, que este mundo es de los jóvenes, y no sé si sentir pena o angustia por vivir. No podemos retroceder el tiempo, ni siquiera 5 minutos ni 1 segundo, porque ya pasó. La angustia nos hace vivir más a prisa, nos deja agotados al final del día y deprimidos al empezar uno nuevo.

Lo dijo Camus en el Mito de Sísifo: “Levantarse, coger el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la cena, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo…”. Hasta que nos preguntamos por qué, hasta que buscamos darle sentido a lo que hacemos, y en ese camino de búsqueda, muchas veces, nos perdemos a nosotros mismos.

Tengo una sobrina pequeña, la miro y pienso: ¡Qué lindo cuando puedes decir tu edad con los dedos! Y lo haces con una sonrisa pícara, inocente, con orgullo, sin temor. Esos años son los que entras a la vida, curioso por conocerla, sin prisas pero sin perder tiempo. No te engañas, ni te dices cosas que no son, no produces algo más de lo que deberías, no dices demasiado, ni tampoco callas, no permaneces de pie, pero tampoco reposado.

Y luego van pasando los años y todo es incierto, y te miras al espejo y ya los dedos no te alcanzan.

¿Pero a qué voy con todo esto? Me pongo melodramática. El tiempo es una realidad, pero cada momento es irrepetible. Sabernos lejanos a ese niño o adolescente o joven que fuimos nos invita a ver al adulto en el que nos hemos convertido.

Si buscas un poco, podrás ver que aquello que te encantaba puede que hoy no te guste más, o por el contrario, lo sigas amando. Y si no te gusta más, es porque algo en ti cambió. Quizás te creías de una forma, y en tu camino de vida dejas el autoconcepto, ese que viene teñido de lo que los demás creen que somos o nos hacen creer que somos. Eso lo sueltas porque no tienes que agradar a nadie, porque de un tiempo para adelante sabes que a quien tienes que agradar es a ti mismo, y no a tus padres, a tus profesores, a tus amiguitos, etc. Sabes que el amor se da cuando sueltas la idea de cambiar al otro, y cuando sabes que quien quiere cambiarte, no te ama en realidad.

Hay también las cosas que seguimos amando. A mí cuando era niña, por ejemplo, me encantaba caminar y ver la luna, pensaba que me seguía y lo hacía sonriente, y entonces me apuraba para esconderme de ella con los árboles, pero ella volvía a encontrarme. Era divertido. No me sentía sola.

Ok, ya no soy esa niña, pero la luna siempre ha estado. ¿Y cuántas veces me la he perdido, encerrándome en casa, caminando triste o molesta? Muchas. Dejé de ver su cara sonriente, dejé de jugar a que podía esconderme de ella, dejé de sentirme divertida y acompañada. Acogí en mi mente las preocupaciones del día, las obligaciones y responsabilidades y me olvidé que tengo un cuerpo que siente, que tengo emociones y que si muevo varios músculos puedo sonreír.

Otro ejemplo: cuando era niña también, me encantaba un chocolate parecido al M&M  llamado “Mío”, era un lujo comerlo de cuando en cuando. Y como sabía que mis padres no me lo comprarían siempre, saboreaba cada uno lentamente, lo disfrutaba muchísimo, desde el momento en el que lo tenía en mis manos: el sonido de la bolsita, el olor al abrirla, la sensación al tocar el primero, el crunch, etc. Y ahora con la edad que tengo y que tienes ahora, ¿crees que no sentirías el mismo placer si te detuvieras a saborear lo que más te gusta?

Entonces, ¿es el tiempo el que nos ha cogido, son los años los que caen encima nuestro y nos aplastan sin piedad? ¿O somos nosotros los que hemos dejado de ser quienes somos por mucho tiempo, y un día creemos que hemos perdido y no hay nada más qué hacer?

Es cierto que no somos los mismos. Lo dijo Heráclito: “Nadie se baña en el mismo río dos veces”. Cada experiencia es única, pero lo que tenemos dentro lo llevamos a donde sea. Sentimos, somos piel, emociones y no solo pensamientos que nos sacan de lo vivido.

Anímate a sentir la vida como antes, como siempre, sin presión, sin apuro y con todos tus sentidos. Toca el pasto, siente la textura de una rama, huele una flor, siente el viento en tu rostro, ve un atardecer, saborea eso que comes, bebe suavemente, mira a los ojos, toca tus manos, la de otros. Si estás leyendo esto, estás vivo/a. Eso es lo único real.

 

Nancy Sánchez

Nancy Sánchez

Soy psicóloga, escritora y directora de Literatura Transformacional, modelo en el que añado, a mi práctica terapéutica, el uso de la literatura y la escritura como herramientas para el autoconocimiento, la expresión saludable y el crecimiento personal. Me enfoco en ayudar a las personas a sanar y trascender sus heridas emocionales, para brillar y convertirse en quienes son.

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