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Guía Emocional

La Tristeza: Fuente de Transformación

Imagen cortesía de Pixabay

Permítete estar triste de vez en cuando.
La euforia perpetua no existe
W. Riso

A menudo veo en las redes sociales la preferencia de los usuarios por aquellas publicaciones  que trasmiten mensajes de optimismo, diversión y euforia. Son las que cuentan con más likes, las elegidas para compartir o comentar a diferencia de aquellas que trasmiten una emoción, catalogada por muchos como “negativa “, como la tristeza.

No digo que sea inadecuada la preferencia por las publicaciones de optimismo, euforia o alegría extrema, solo que en nuestra sociedad, no veo que exista un espacio donde se valore, se apueste o se considere a la tristeza como un irrenunciable espacio de crecimiento.

He escuchado a muchas personas decir que “no quieren estar tristes”, que “no deben estar tristes”, que “no pueden estar tristes”. Pues yo te digo que si quieres estar triste, puedes y debes.

La tristeza no es “mala”, no es estar enfermo ni tener depresión. Tampoco significa que eres débil, frágil, sensible o que te has dejado vencer por las dificultades de la vida.

Comprendamos que es una emoción y como toda emoción surge frente a una situación o evento que está asociado a una pérdida de algo o a alguien que nos importa, cuando expandimos el mundo de lo que nos importa, cuando aparece la frustración o cuando un acontecimiento nos trae el recuerdo de aquellas heridas no sanadas.

Lamentablemente ignoramos el mensaje que trae consigo, buscamos superarla lo antes posible para alcanzar altos estados de bienestar, para los cuales existe, como señala Foucault, una serie de “dispositivos culturales” que nos ayudan a trascenderla y superarla.

Los fármacos, el ejercicio, la recreación, el trabajo, la televisión, la diversión, los amigos, la rabia (emoción que disfraza la tristeza), etc., pueden ser efectivos en esta tarea de evadir nuestra tristeza.

La práctica de estos dispositivos culturales se hace por temor a que la tristeza se convierta en un estado de ánimo, en la música de fondo de nuestra vida, que se vuelva permanente y que aparezca sin ninguna razón aparente. Pero esta permanencia solo ocurre cuando se apoderan de nosotros ciertos juicios de la vida o de nosotros mismos.

Entendamos pues, que la tristeza tiene una misión importante en nuestra vida. Es ese espacio donde podemos hacer una exploración de nuestras estructuras internas, revisar las bases más arraigadas de nuestro ser para diferenciar cuáles ya cumplieron su ciclo y cuáles deben permanecer de acuerdo a quienes queremos ser ahora. Discernir las que están frágiles de las que son base fuerte, apoya a liberar peso muerto, traducido en creencias, juicios mentales, apegos, etc. Es un espacio de reconstrucción, de re diseño, de valoración de lo que no se vio antes de experimentarla.

La tristeza te aprieta, te estremece, te ahoga, te hace sentir pequeño y escaso, solo para que podamos respetar nuestra grandeza e identificar el propósito de nuestra vida.  Te sumerge en lo profundo, en lo más hondo solo para revelarte voluntad, coraje, fe y fortalecer tu carácter.

En la tristeza el mundo se paraliza para poder entendernos, profundizar en nuestros vacíos y hacer consiente lo inconsciente.  Es como un limpiaparabrisas privado, limpia las lágrimas para ver con claridad. 

Démosle la bienvenida a la tristeza, dejemos que nos habite y revele la sombra que nos hacía ver inadecuados o poco funcional al sistema.

Y desde allí, vernos con compasión, con ternura, con humildad a mi ser humano.

Cuando dejo de evitar, de resistir o de luchar y simplemente me entrego a ella; me reconozco, retomo mi conexión con mi ser, con mi YO y poco a poco la risa aflora, la creatividad fluye y revelas tu luz al mundo.

Alexandra De la Torre Montoya

Alexandra De la Torre Montoya

Psicóloga, especialista en el área educativa. Maestra en educación con Mención en Tutoría y Orientación Educacional. Coach certificada por la ICC de Londres y la WORLD ASSOCIATION OF COACHING LEARNING, especialista en Terapia Racional Emotiva con niños y adolescentes.

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