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Guía Emocional

No pretendo ser feliz las 24 horas del día

Imagen cortesía de pixabay.com

Así como lo lees: no quiero ni puedo estar feliz todo el tiempo. Seguro te sorprende esta afirmación porque nuestra sociedad está principalmente orientada a premiar la vivencia y expresión de las emociones “positivas” como la alegría, el entusiasmo, la esperanza…

Cada día abrimos las redes sociales y nos encontramos con múltiples sonrisas, vemos anuncios de publicidad que nos invitan a “sentirnos bien y estar bien”; un constante bombardeo de mensajes en múltiples medios que nos llevan a pensar que estar alegres es la única forma de estar. Y así, la mayoría de nosotros nos pasamos los días pensando que tenemos que llegar a un estado llamado felicidad porque sino “estamos mal o algo anda mal”.   En la otra mano, pareciera que sentir tristeza, desamparo, vulnerabilidad, soledad y emociones semejantes es casi como cometer un delito.

Un día una persona me dijo “siento vergüenza de sentirme así” y recuerdo que pensé: ¡qué duros podemos ser con nosotros mismos! Ya tenemos bastante descifrando cómo nos sentimos para que, además, nos carguemos la culpa al hombro y nos avergoncemos de la emoción que experimentamos en algún momento de nuestras vidas.

Por favor, seamos honestos con lo que está pasando. Se alienta y aplaude la vivencia y expresión de emociones de alegría mientras que las emociones de tristeza, rabia, cólera y desesperanza se señalan. Y frente a esto, yo les pido que por favor volvamos a la esencia: todas son emociones. Habitan nuestro cuerpo y mente para darnos un mensaje, para decirnos algo. Hablan de nosotros, de nuestra relación con el mundo y los demás.

Imagen cortesía de pixabay.com

Cuando nos negamos la oportunidad de sentir y expresar las emociones que nos habitan, también estamos negando una parte de nosotros mismos y quienes somos.

Entiendo que muchas veces podemos señalar y criticar de manera no premeditada y hasta inconsciente. Sino, que tire la primera piedra quien no haya dicho alguna vez frases como: “que ya lo supere, su relación se terminó hace semanas”; “está mal porque falleció su (inserte nombre de persona querida) pero ya hace un par de meses y lo veo mal mal”, entre otras cosas. No lo hacemos “por malos”, es más, muchas veces queremos ser empáticos y les recomendamos “que hagan algo” para ser felices pronto. Esperamos que las personas hagan su duelo en tiempo récord porque la vida misma nos hace ir de prisa y nos cuesta entender que las personas pueden sentir miedo (¡ay qué cobarde!), tristeza (¡no es para tanto!), rabia (¡se asa por las puras!) y molestia (¡qué malhumorado!) porque creemos firmemente que esas personas “deberían estar bien”.

Lo que intento decir es que necesitamos respetar nuestras emociones y procesos personales. Creo que nuestra sociedad se está volviendo experta en otorgar cualidad de “enfermedad” y volver patología lo que en realidad es esperable, como sentir tristeza frente a una ruptura o muerte, o estar enojado cuando las cosas no resultan como las hemos esperado o planeado.

Claro está que sentir esas emociones no nos da libre albedrío para expresarnos de manera descontrolada y arremeter contra los demás, ese no es el mensaje. No pretendo hacer una apología o una oda a las emociones mal llamadas negativas y tampoco busco promover el bajo control de impulsos. 

En cambio, estoy intentando retirar por un momento la carga peyorativa que hemos puesto sobre ciertas emociones para que nos permitamos experimentarlas, sostenerlas, comprenderlas, transformarlas e integrarlas en nuestra vida y aprendizajes. Es también una invitación a explorar los matices y gradientes de cada emoción, las cuales hemos olvidado porque solemos mirar nuestros días y vidas con lentes dicotómicos de bien o mal.

Porque una persona puede estar triste y extrañar a alguien que fue significativo para ella pero también sentir amor (por ejemplo por sus amigos, padres, hijos), sentir gratitud por tener un trabajo y molestia porque tiene una dolencia física.

Podemos sentir todo eso hoy, en este momento, y si lo permitimos, notaremos que esas emociones nos dicen algo. Y al comprenderlas, cambia la manera en la que nos aproximamos a ellas porque se incrementa la compasión hacia nosotros mismos. Las emociones que nos habitan se irán transformando para integrarse en nosotros y ayudarnos a crecer como personas. 

 


Guía Emocional le da la bienvenida a voces variadas de diferentes especialistas y conocedores en varios campos relacionados al bienestar mental y emocional. Compartimos escritos de diversos autores con un amplio rango de opiniones, las mismas que no necesariamente reflejan la nuestra.
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Karina Ramos Murga

Karina Ramos Murga

Soy Psicóloga Clínica y Comunicadora. Me gusta generar situaciones y espacios que puedan despertar la curiosidad de las personas por conocerse y comprenderse. Soy especialista en resolución de conflictos y Psicoterapeuta Cognitivo Conductual en formación.

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