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Guía Emocional

¿Qué Hacer Cuando Sientes que Nunca es Suficiente?

Imagen cortesía de Pexels

¿Cómo estás? “A mil, corriendo”. ¿Te suena familiar esta respuesta? La escucho frecuentemente y donde quiera que vaya… una sensación de estar abrumado y no poder más, ¿te ha pasado?

“Yo puedo”, nos repetimos constantemente para darnos ánimo y atender los asuntos con los que nos hemos comprometido. Pareciera prohibido no poder. Decir “no” se ha convertido en sinónimo de fracaso, como si fuera un error que tendríamos que cargar con nosotros. Un error que ensombrecería lo que los demás piensan de nosotros, limitando también nuestras oportunidades futuras. Pero… ¿realmente es así?

Es comprensible que queramos esforzarnos para desempeñarnos en los diversos ámbitos y roles de nuestra vida: como estudiantes, trabajadores, hermanos, padres, abuelos, amigos, parejas. Pero… ¿qué implica ser el mejor? O más bien podemos preguntarnos, ¿mejor para qué o para quién?

Porque si actuamos bajo la idea de que siempre podemos dar más y ser más, entonces… ¿cuál es el límite? Vamos a querer más tiempo, más trabajo, más objetos, más estudios, más amigos, más dinero, más risas, más amor, más viajes, más, más, más… porque 24 horas se sienten cortas y no alcanzan para atender los pendientes y deseos que repetimos en nuestra mente y que quisiéramos tachar de una lista para sentir que lo cumplimos.

Y puede ocurrir que, cuando llega la noche y estamos en nuestra cama, sentimos el peso del cansancio o del aburrimiento caer sobre nosotros. No necesariamente nos sentimos satisfechos o felices y, más bien, muchas veces estamos agotados o nos sentimos culpables por aquello que dejamos inconcluso. 

¿Qué nos está pasando? ¿Por qué nos sentimos así? ¿Acaso es un problema tener más y querer hacer más?

Pues sucede que si nos sometemos a la idea de querer alcanzar el máximo o el mejor posible, eso puede traer consigo una consecuencia dañina para nosotros: “creer que nunca es suficiente”.

Y si nada es suficiente, entonces todo es perfectible, mejorable, superable. Si interiorizamos esta idea -que nuestra vida es insuficiente- probablemente nos sentiremos desmotivados, culpables, incluso con una sensación de vacío que pareciera no llenarse a pesar de que ocupemos nuestra vida con más quehaceres y logremos cumplirlos. Porque sí, podemos llegar a un punto del hartazgo donde, incluso, lograr las metas que nos hemos planteado y recibir el reconocimiento de los demás tampoco parece suficiente. No nos sentimos merecedores de eso, podemos dar más.

Para algunos esto quizás suene exagerado, pero creo que la mayoría ha pensado más de una vez “lo pude haber hecho mejor”.

Solemos recordar una y otra vez aquella situación donde creemos que pudimos hacerlo mejor y olvidamos reconocernos por las otras 10 veces en las que disfrutamos del proceso y nos sentimos a gusto, aunque no necesariamente hayamos obtenido el 20 o a pesar de obtenerlo.

Y es que el mensaje detrás de estas líneas no es promover el conformismo o la improductividad, sino que aprendamos a decir “basta”. Que nos atrevamos a poner un alto para apreciar lo que tenemos al frente y que seamos más compasivos con nosotros y podamos ponernos un freno antes de que nuestro cuerpo sea el que nos lo pida a gritos a través de dolores de cabeza, insomnio, ojeras, falta de apetito o hambre voraz, cambios en nuestro estado de ánimo, somnolencia, etc.

Quisiera que te des cuenta no solo de lo que “te falta” sino de todo aquello que eres, que te trates como tú tratarías a la persona que más amas en el mundo. Pregúntate si a esa persona la cuestionarías constantemente por lo que está haciendo, exigiéndole que lo haga mejor, que puede más.

Creo que merecemos caminar a paso firme y no agobiarnos porque nos falta el aire de tanto correr, ya que no se trata de pedir más horas sino de dosificar nuestra energía en las causas donde está nuestro corazón, recuperando el disfrute por las actividades cotidianas que, a veces, terminamos haciendo por inercia y fastidio.

Recuperemos el amor por nuestra vida y nosotros, porque al existir y ser nosotros mismos, ya somos suficientes.

Imagen cortesía de Pexels

 

Karina Ramos Murga

Karina Ramos Murga

Soy comunicadora y egresada de Psicología Clínica. Especialista en resolución de conflictos y Psicoterapeuta Cognitivo Conductual en formación.

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