Guía Emocional

Terminar una Relación no es el Final

Mujer pensativa
Imagen cortesía de Pixabay

Claves para comenzar de nuevo luego de una ruptura

A las 8 de la noche, sorteando el tráfico limeño y la ligera e inesperada lluvia, Marina llegó a la casa que antes había compartido con A. Al cerrar la puerta esa noche, dejaría la cartera en el piso y se sentaría en el sofá, que ahora se sentía espaciosamente frío, e impávida dejaría transcurrir los minutos. El día en la oficina había sido pesado, su jefe le había reclamado algunos errores en su redacción y en los archivos, había sentido ganas de llorar en aquel momento, pero la detenía pensar que cuando llegara a casa… No, ya no había nadie quien la consolara y le hiciera sonreír.

Meses atrás, A. había pronunciado las cuatro palabras más temibles entre ambos: “ya no te amo”. En un primer momento, Marina creyó que había sido producto de la cólera de aquella pelea en el parque ese día. Llegaron a casa y cenaron, como si nada hubiera ocurrido, mientras él solo atinaba a mirarla de reojo, con un suspiro que ella podía escuchar, pero no aceptar. Ninguno de los dos volvió a hablar del tema.

A todos nos ha pasado: llega un momento en el que sentimos que la relación que tenemos está por acabarse, pero nos negamos a verlo. Algunos podemos crear toda suerte de artilugios para volver a encender la chispa, otros podemos empezar a buscar otras opciones y otros simplemente dejamos que las cosas pasen, como Marina y A.

¿Pero, estamos preparados para separarnos?

Desde niños escuchamos que si alguien muere, físicamente no estará, pero vivirá entre nosotros, que nos seguirá cuidando desde el cielo o en algunos casos, nos vigilará todo el tiempo si nos portamos mal. ¿A cuántas personas conocemos que una vez que terminan una relación, pasan inmediatamente a otra con las mismas heridas, los mismos reclamos, o las mismas situaciones?, y por el contrario, ¿a cuántas personas conocemos que una vez que se divorciaron o enviudaron no volvieron a tener otra relación aun cuando había posibilidad?

La negación: primera etapa del duelo

La negación es la primera etapa del duelo. Muchas personas no lloran al que se ha ido sino muchos días o meses después, es imposible creer que esa persona o ese ser especial ya no está físicamente con nosotros. Nuestra vida sigue como si todavía tuviésemos su presencia y el mecanismo más utilizado es el de hacer cosas, hacemos y hacemos por no pensar, por no sentir, porque no nos duela.

Y en este hacer, nos mecanizamos. Pero no solo no nos conectamos con la ausencia, tampoco lo hacemos con la presencia de otros o de otra actividad.

Recuerdo que en el momento más estresante de mi carrera, llegué a trabajar de forma muy rutinaria y sin emoción alguna, por lo que me sorprendí a mí misma intentando abrir mi casa con la llave que utilizaba para abrir mi oficina en el trabajo, y no fue una, sino muchas veces. Estaba tan cargada y tan pegada a mi trabajo que automáticamente tomaba las mismas llaves. Me había convertido en un robot, caminaba, tecleaba muchos informes, veía a tanta gente, pero en realidad no me conectaba con nadie, ni siquiera conmigo.

Las siguientes etapas:

Luego de la negación, entran a tallar todas las emociones habidas y por haber: tristeza profunda, miedo, culpa, rabia, frustración, decepción, odio, etc. Es cuando empezamos a abrirnos al dolor de la ausencia.

Imagen cortesía de Pixabay

La noche en la que Marina llegó a su casa y se vio sola en medio de la sala, comenzó a percibir la ausencia de A. Caminó por cada rincón de la casa, que si bien era pequeña, emocionalmente podía contener todos los años de vida juntos. Se tendió en la cama boca abajo y humedeció totalmente su rostro con gritos que provenían desde lo más hondo de su pecho. En medio del llanto, sentía frío, vacío, desesperación y soledad.

Cuando la expresión no se da, es imposible reconstruir las heridas. Ante el dolor, solo queda una cosa: entregarse a él, de la misma forma como nos entregamos al amor.

“El intento de sanar el luto lo vuelve más doloroso. Es como rascar una herida impidiendo que cicatrice de forma natural” – Nardone

El día que A. se marchó de casa, Marina salió casi inmediatamente a comprar un vestido nuevo, como pretexto de la fiesta de aniversario de la empresa donde trabajaba. También había probado no pasar ningún fin de semana sola y en casa, hizo una lista de cosas por hacer y las cumplió casi todas, como estaba eficientemente acostumbrada. Cuando llegaba a casa, estaba tan cansada que tomaba un baño y se echaba a dormir inmediatamente, y si no, se engañaba con algo que la “ayudara” a dormir más rápido. Pero esa noche, había sentido el cúmulo de los días tapados aparecer y no pudo más que dejar entrar aquello que quería manifestarse: la tristeza de haber terminado una relación.

Al secarse las lágrimas con el aire que entraba por la pequeña ventana y el calor que su cuerpo sentía, Marina sintió que algo pesado había bajado por su espalda, experimentó alivio y abrió suavemente los brazos hacia los lados, una y otra vez, hasta que esos brazos llegaron a envolverla sin apretarla.

Tras esta sensación agradable, estuvo tentada a hacer una nueva lista, pero se dio cuenta que era más de lo mismo. Entonces, caminó lentamente por la casa, sin juzgarse ni apurarse. Comenzó a llegar más temprano e incluso decidió que si algún fin de semana no se presentaba algo por hacer, no haría nada para evitar la soledad, por más doloroso que resultara en un principio.

Los pensamientos que acompañan el proceso: ¿intensifican la emoción o nos ayudan?

Sí, sin duda, no nos preparan para separarnos. Mentimos a los demás fingiendo estar bien, y lo que es peor, nos mentimos a nosotros mismos. Muchas veces podemos exigir a los demás que estén a nuestro lado, ofrecemos cambiar o nos culpamos por todas las situaciones. También podemos lanzar sentencias como: “lo que pasa es que él o ella nunca me amó”, y así tiramos al tacho todo lo vivido, calificamos lo que nos dieron como malo o bueno, poco o mucho, insignificante o significativo. En este camino de aceptación de la separación, aparecen los recuerdos, lo temible, lo bonito que nos hace querer volver allí, lo amargo que refuerza el odio que podemos sentir, y es natural. Sin embargo, estos pensamientos lejos de ayudarnos a sentirnos mejor, empeoran nuestro bienestar mental y emocional.

Ser un testigo de la relación (observar sin juzgar)

Marina recordaba que A. la abrazaba cuando ella llegaba fatigada del trabajo, se sentaban juntos a cenar y él la escuchaba atentamente. Lo que amaba de él era que la tratase como una mujer que podía alcanzar lo que ella quería, la animaba a dar sus opiniones y estaba junto a ella en los momentos más difíciles: por ejemplo cuando la echaron de su anterior trabajo y también cuando falleció su hermano. Recordó también las veces que discutían porque él quería ser escritor y viajar para tener más aventuras qué contar, lo que parecía una gran idea, salvo que ella no estaba contemplada en esos viajes y aventuras. Necesitaba tiempo, le explicaba, tiempo para él, para conocerse más, para conocer gente y tener más material de trabajo. Poco a poco, las discusiones sobre este tema se hicieron más fuertes y Marina sentía que habían construido una casa sobre diferentes formas de ladrillos. Luego ya no eran solo los viajes los que los separaban, sino los proyectos futuros como construir una familia, algo en lo que nunca pudieron ponerse de acuerdo. Esto los iba distanciando, pues por mucho tiempo, ninguno de los dos veía que uno quería una cosa y el otro, otra.

Pero esto es así, somos seres diferentes y es lógico que no siempre queramos lo mismo; sin embargo, la pareja es un organismo vivo que contiene a dos seres, pero que se convierte en una instancia distinta, una unidad en cuanto a decisiones y formas de estar en la vida juntos. Podemos estar en desacuerdo muchas veces, como Marina y A. pero nos sostenemos por pilares que nos involucran a ambos.

El camino de la aceptación (última etapa)

Marina vio que tanto para ella como para A. habían sido difíciles los últimos momentos, recordó no solo cuánto sufría ella cuando él se iba o le decía que se iría porque la vida juntos ya no le satisfacía, sino también cuán difícil era para él decirle esto sin lastimarla. Él había optado por callar e irse sin avisar para evitar los conflictos y el pesar de una comunicación casi acabada.

¿Lo habían pospuesto mucho? Marina, se preguntó a sí misma, mientras alzaba su taza de té sentada en su cama.

El tiempo no se recupera, es cierto, y cada persona tiene su ritmo, y en este caso, la pareja también tiene su ritmo propio. Algunos agotan todo, a expensas de generar más sufrimiento, otros se dan por vencidos en las primeras dificultades. Marina sentía que donde estaba sentada y cómo estaba sentada, era perfecto, tal cual. Que ahí veía e iba descubriendo cosas que antes no hubiese podido entender con tanta claridad.

Recordó a Susana, su amiga divorciada hace dos años. Susana empezó como ella, huyendo del dolor, por caminos diferentes a los de ella, pero que para el caso, vienen siendo lo mismo. Luego de eso, Susana experimentó cambios en el peso, no dormía bien, dejó de salir, se culpaba del término de la relación de una forma autodestructiva y sucumbió a una depresión, de la cual estaba saliendo con ayuda profesional.

Los duelos, la separación nunca es sencilla, pues no estamos preparados para ello y aunque lo estuviésemos, es imposible dejar de sentir algo, haya aún amor o no. Entender que las personas con las que compartimos nuestra vida son especiales, nos da la oportunidad de honrar aquella presencia, ese tiempo, esas experiencias.

Después de unas semanas, Marina sintió ganas de compartir lo que sentía. Fue a visitar a Susana y en los ojos de ella podía ver cuánto tenían en común. Se dio cuenta que cuando estaba cerca a ella en ese momento, podía escucharla y también ella misma se escuchaba. Susana apoyó su mano sobre la de ella cuando brotaron lágrimas del rostro de Marina. Al salir de allí, se sintió triste, pero no era una tristeza vacía o amarga. Era una sensación distinta.

Un encuentro de almas sugiere el contacto con los sentidos: escuchar, mirar, tocar, ser empático, comprender, disfrutar juntos, etc. En este encuentro uno aprende, evoluciona, descubre más de sí mismo, conoce más a otro.

Cuando estamos en contacto con otro ser, sin máscaras, en esa intimidad que nos permitimos con una pareja o con una amistad verdadera, no queda lugar para la lógica, solo para nuestro sentir más puro. La separación sugiere tristeza, nostalgia, ausencia y gracias a estos sentimientos, sabemos que fuimos capaces de amar o de conectarnos con alguien.

El final también es el comienzo

Había pasado ya algún tiempo desde que A. se fue y Marina sentía más comprensión. En las primeras conversaciones con sus amigos, hablaba mal de él, culpándolo de todo, pero a solas se culpaba a sí misma por no haberlo comprendido. Ahora sentía que no habría podido sostener el estilo tan diferente de vidas que tenían y los proyectos que no tenían juntos. Ahora sentía que su proyecto de vida era algo que le pertenecía y que no tenía que adecuarse a alguien y dejarlo de lado, sino compartirlo, más adelante, con otra persona. Sí, había empezado a aceptar la ruptura de la forma más sana posible, la que su cuerpo y sus sentimientos le iban mostrando. Ya no hizo más listas por hacer, pues las actividades que quería fueron surgiendo espontáneamente, como aprender francés, tener un guía que acompañe y apoye su camino, y brillar más que nunca en su trabajo.

Apasionada por el idioma, los lugares, las películas y la música francesa, su mirada transmitía luminosidad y amor al entrar al salón 105 de francés básico, tanto que al levantar la cabeza hacia el profesor, se dio cuenta que él también la miraba de la misma forma.

Ese día, al llegar la noche escribió en su diario, que la había acompañado a lo largo de este camino de sensaciones, pensamientos y sentimientos:

Cuando construyes algo muy bonito con amor y te das cuenta que debes comenzar nuevamente, es necesario des-construirlo con ese mismo amor, porque eso que hiciste te llevó tiempo, esfuerzo y voluntad, porque vino de ti, de tu capacidad de amar, de tu forma de amar. Puede que afuera no lo hayan recibido como esperabas, pero si lo tiras todo, si lo destruyes con odio, si te culpas, si te reprochas, si te niegas a aceptar la realidad, esa energía de sufrimiento innecesario irá hacia ti. Des-constrúyelo con amor, y podrás construir algo nuevo y hermoso después.

Imagen cortesía de Pixabay

 

Nancy Sánchez

Nancy Sánchez

Soy psicóloga y escritora. Apasionada por el crecimiento personal que contribuya a cambios profundos que generen bienestar individual y un impacto positivo en la sociedad. Añado, a mi práctica terapéutica, el uso de la literatura y la escritura como herramientas para el autoconocimiento y el crecimiento personal.

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