fbpx
Guía Emocional

Trauma y Relaciones de Pareja

Imagen cortesía de Pixabay

Por: Nancy Sánchez

Una historia: Carla presenció desde niña cómo sus padres se trataban delante de ella y de sus hermanos menores. No había día que no discutieran (casi siempre por falta de dinero). Las peleas no tardaban en convertirse en una guerra de insultos, portazos, gritos y hasta golpes. Mientras esto sucedía, a Carla no le quedaba más remedio que esconderse y proteger a sus hermanos, a costa de dejarse de lado a sí misma. Con el tiempo, fue ocultándose de todo cuanto le recordara la violencia. Así que en el colegio no tenía casi amigos, y si los tenía, intentaba complacerlos en todo con tal de no tener conflictos, porque en su cabecita eso significaba violencia.

Es así como un trauma se desarrolla. En el caso de Carla, este trauma es la secuela de hechos repetitivos donde desde niña fue expuesta a violencia doméstica y se sintió desprotegida porque las personas que, supuestamente, debían cuidarla, no lo hacían.

La violencia doméstica no solo mata físicamente, también genera problemas psicológicos que interfieren en nuestras relaciones y bienestar.

Si todas o casi todas las interacciones de nuestros padres eran violentas, cargadas de insultos, malos tratos y hasta golpes, no aprendimos que era posible tener discusiones sanas, desacuerdos en una relación y que podíamos resolverlos con una comunicación madura, honesta y respetuosa.

Obviamente, una mujer como Carla, crece en un entorno en el que debe adaptarse para sobrevivir, pero no desarrolló capacidades para sus futuras relaciones. Con el pasar del tiempo, al tener una pareja, salen a relucir en ella sus heridas o «demonios» como solemos llamarlos. Al haber vivido experiencias infantiles de violencia entre sus padres, la forma como se comunicará será disfuncional. No es de extrañarse que tenga relaciones inestables e intensas, cargadas de sufrimiento.

En el caso de ella, por ejemplo, al empezar a convivir con Juan, su pareja, saltan sus necesidades infantiles no satisfechas a través de reclamos, exigencias y control. Si Juan quiere por ejemplo un viaje en vacaciones y ella quiere descansar, entonces este desacuerdo entre ambos genera en ella pensamientos de tipo: «A él no le importa lo que yo quiero, claro como él no cuida a los niños, no entiende que yo quiero descansar. Es un egoísta, siempre piensa en él, etc.» Estos pensamientos, traen como consecuencia enojo en ella, frustración, impotencia, etc. Y mientras más piensa, más siente en función a la historia que se va contando. Cuando Juan llega del trabajo, Carla lo recibe de mala gana, y en el momento menos pensado empieza a gritarle lo egoísta que es. Así uno tras otro desacuerdo se convierte en pelea y distanciamiento entre ambos. Juan, claro está, quizás ni sabe por qué Carla reacciona así. No sabe que en ella se activan heridas de no ser tomada en cuenta y de sentirse no valorada por él. Es probable que ni Carla sea consciente de que éste sea su real sentir, pues solo ha aprendido a culpar y no a ver qué necesita ella de él.

Es así como se van repitiendo las heridas de infancia en nuestra vida adulta, y más aun con la pareja, pues es con quien mayor intimidad solemos tener. El amor se vuelve desamor, y no estar de acuerdo se vuelve el momento perfecto para criticar, juzgar y reclamar al otro por no darnos la felicidad que «debiera» darnos.

Esto es solo una muestra de cómo aprendemos de la primera relación de pareja que vimos: la de nuestros padres. Hay muchas más, sin duda. Cada uno tiene una historia, muy parecida o diferente. ¿Y significa que esto nos marca y no puede cambiarse?

Para alguien que busca algo distinto, no hay un «así es y nunca cambiará».

El primer paso para tener respuestas diferentes es hacernos conscientes, y eso requiere práctica y auto observación. Conocer nuestra historia nos ayuda, pero aun más, nos ayuda ver cómo nos comportamos el día de hoy, eso inevitablemente nos llevará a un qué debe cambiarse y sobre todo, a un para qué quiero algo distinto en mi vida. Para disfrutar más, para aprender a amar, para tener una pareja con la que podamos crecer, para ser más felices e incluso para ser más productivos. Porque si sanamos, no nos quedará más remedio que ir más allá y buscar crecer individualmente, para luego compartirlo en pareja, si así lo queremos.

Hasta el próximo post.

 

 

 

 

Nancy Sánchez

Nancy Sánchez

Soy psicóloga, terapeuta, coach emocional y escritora. Me enfoco en ayudar a las personas a sanar y trascender sus heridas emocionales, para brillar y convertirse en quienes son. Me apasiona el crecimiento personal de mis clientes, acompañándolos a encontrar el propósito en sus vidas y ser felices.

Alimenta tu mente y únete a nuestra comunidad.

Síguenos

Alimenta tu mente y únete a nuestra comunidad.

* requerido

Síguenos