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Guía Emocional

Ver Más allá de lo Evidente

Almorzaba en un pequeño restaurante de la ciudad y la voz aguda de un niño que estaba a dos mesas de la mía, llamó mi atención. Al parecer le estaba contando alguna anécdota a su madre quien lo miraba a los ojos, muy atenta y le esbozaba una sonrisa mientras el pequeño narraba sin cesar su anécdota del día. Su mirada reflejaba ternura, su sonrisa paciencia y asentaba con su cabeza en señal de afirmación ante la narración del pequeño. No hubo poder humano que la distraiga de contemplarlo con tanto amor y paciencia. Y parecía que eso reforzaba al pequeño quien hablaba incluso con todo su cuerpo.

Además de sentirme conmovida con la escena, me quedé pensando en el poder de la mirada, en el  poder que tiene mirar a los otros a los ojos mientras nos hablan y en hacerles sentir con ese gesto que son importantes, que tienen nuestra atención y que lo que tengan por decir, es valorado.  ¿Acaso no te gusta sentir lo mismo?

Entonces, parte del saber escuchar es tener la capacidad de mirar a los ojos al otro. Hacerle sentir que nos importa.

No es sencillo, pues probablemente no lo aprendimos, pero estamos a tiempo de hacerlo. Pregúntate de qué te pierdes cuando te privas de mirar a los ojos a tus padres, a tus hijos, a tus abuelos, a tus hermanos o amigos. Pregúntate que te impide hacerlo. Quizá la vergüenza, el miedo, la desconfianza, pues dicen que los ojos son la ventana a nuestra alma y por ende revelan nuestros más oscuros secretos. Y si fuera así, ¿qué problema existe? Lo que vale es ser auténtico y libre.

Si nuestros ojos revelan nuestro interior, pues entonces es tiempo de empezar a mirar más allá y así lograr comprender a la humanidad.

Cuantas veces al día pasamos en automático, mirando sin mirar, es decir quedándonos en la superficie y llenando nuestra mente de prejuicios, clichés, etc. Miramos sin ir más allá, sin penetrar en la esencia de las cosas o las personas. Estoy segura que la madre de aquel pequeño, logró escuchar más allá de las palabras de su hijo, gracias al mirar. Contemplaba su alegría, su entusiasmo y lo feliz que era en la escuela. Para ella, quizá era un indicador de cómo se sentía su hijo.

José Luis Merino, en su artículo sobre el Acto de Mirar, comenta:

“Con la mirada enamoramos, sentimos, actuamos y lanzamos nuestras ideas al espacio y cambiamos la manera de pensar de nuestros congéneres respecto a nosotros. El mirar más allá de lo observable debe ser lo deseable, ver donde otros no ven, dar valor a las cosas escondidas entrelíneas, pero los patrones culturales occidentales muchas veces nos limitan.”

La mirada es capaz de desencadenar todo tipo de emociones: enojo, enfado, amor, erotismo, dolor, tristeza y para culturas milenarias el sentido de la vista, el respeto a la misma y hasta en algunas el miedo a la misma y a la ausencia de ella, ha sido una constante.

Yo creo que el mirar va más allá de un simple acto mecánico. Habla del saber conectar con otro y respetar su valor. Verlo realmente y respetar su esencia. Entrenémonos en mirar más allá de lo observable.

Alexandra De la Torre Montoya

Alexandra De la Torre Montoya

Psicóloga, especialista en el área educativa. Maestra en educación con Mención en Tutoría y Orientación Educacional. Coach certificada por la ICC de Londres y la WORLD ASSOCIATION OF COACHING LEARNING, especialista en Terapia Racional Emotiva con niños y adolescentes.

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